Mi mudanza a los países nórdicos

Cuando murieron mis padres y decidí mudarme a Suecia con el dinero que me dejaron en herencia, lo primero que hice fue buscar un departamento que tuviera pisos de madera. Además de que se ven muy elegantes y le dan un toque especial, cálido y romántico a la decoración del hogar, la madera brinda calor a los espacios fríos  y, en un lugar cuyo invierno  es muy crudo, el primer consejo que me dieron mis amigos al despedirse de mi fue el de vivir en un lugar con estas características.

No fue fácil encontrarlo y más difícil fue uno que me gustara y que se ajustara a mi presupuesto. Había de madera clara y obscura, departamentos grandes o pequeños, con jardín o donde no aceptaban mascotas, pero o estaban muy caros los o estaban en mal estado.

Schweden, Westkueste, Fjaellbacka in der blauen Stunde, hinten der 76m hohe Vetterberg

Después de mucho buscar y buscar, al final encontré una cabaña en un pueblo pesquero cerca de Noruega llamado Fjällbacka. Este lugar vive de la artesanía de sus habitantes, ya que en verano hay mucho turista. La mudanza fue fácil y acoplarme al lugar también. Los habitantes son muy hogareños y además todos se conocen. Después de un tiempo encontré trabajo como cronista, lo que me venía de perlas ya que una de mis pasiones favoritas desde que llegué al pueblo es escribir mientras me acerco al mar en el atardecer.

Cuando llegó el invierno, el frío no fue tan terrible como lo pintaban, mientras estaba dentro de casa, ya que la madera me mantenía en calor. Además, la cabaña contaba con una chimenea adornada de pies a cabeza con motivos navideños y junto a él, un pino natural le otorgaba a mi casa un aspecto como de cabaña de Santa Claus.

Años después me casé, compré una lancha y ahora tengo tres hijos y aunque el pueblo es silencioso y a veces no hay nada qué hacer o ver, no cambiaría la tranquilidad de Fjällbacka por el ruido de la ciudad donde antes habitaba.